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Entender el campo social como fábrica significa abogar más por una estética directa de la intensificación de la vida que por lo que podría definirse como una escenografía política. Desde este prisma energético el centro de la cuestión del poder se reduce a la cuestión de la potencia del cuerpo. Considerar la emancipación como el devenir de esta potencia significa renunciar a la idea de que hacer política es organizar una puesta en escena en la que está en juego una oposición de mundos de vida diferentes. Esta estrategia parece solo responder a la situación de agotamiento provocada por el nihilismo con la idea de una nueva potencia. Abrazando por tanto una lógica de la insurrección que suspende cualquier relación con el marco simbólico del Poder o con el Otro, la fragilidad de la superficie política termina, por así decirlo, reconducida a la verdad de un poder inmanente. Ahora bien, ¿no implica el gesto político algo más que una biopolítica afirmativa, a saber: el cuestionamiento de una situación ya impuesta por el Otro y, por tanto, un litigio con su lógica policial? ¿No marca la vida de la subjetivación política una cierta distancia del sujeto con el cuerpo, “la formación de un uno –como sostiene Rancière– que no es un sí, sino la relación de un sí con otro”?

http://www.gramaediciones.com.ar/afueras-de-la-ciudad.html?task=view&catid=18&id=211

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One comment

  1. DiegoHA

    Creo que hay en ese texto una identificación quizás prematura entre fabricar y hacerse un cuerpo, recuerda que lo importante es hacerse un cuerpo, pero sin órganos…

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