Esto no es Podemos

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Leyendo el hueco artículo de José Luis Pardo sobre Podemos en la revista La Maleta de Port Bou (número 10), uno ve cómo algunas de las cabezas más sugerentes de la generación del R78 apenas pueden ya expresar los límites de su posición más que de modo amargado y a la defensiva. Pero de su lectura se extrae una lección síntomáticamente interesante: comprobar cómo, tanto a la izquierda como a la derecha intelectual del R78 (Lasalle recientemente en conversación con Iñigo Errejón), la estrategia pasa por infantilizar el discurso de Podemos reduciéndolo a ser un fenómeno de simple oposición moral al sistema –demagógico, sin medios programáticos, sin reflexión política seria… “populista”- justamente desde un discurso de superioridad que renuncia de entrada a cualquier análisis político concreto de la situación actual. Primero se dibuja la caricatura, luego se cuestionan las funestas consecuencias del proyecto partiendo de esta proyección ficticia.
Simplificando el discurso de Podemos como exclusivamente moralizador y privándole de interlocución política (¿ha estudiado nuestro catedrático lo que significa generar una articulación hegemónica?), Pardo se arroga el privilegio de tener el discurso correcto y serio cuando lo que realmente hace es expresar el agotamiento de lo que defiende, su atrincheramiento ante una realidad social nueva que además, por lo visto, no tiene la más mínima curiosidad de conocer, pues ya conoce de sobra. Primero se construye la ficción de un movimiento hooligan que, según él, solo busca hacer “tabula rasa”, destruir y aprovecharse electoralmente del malestar social desde una “búsqueda descarnada del poder” al margen de las reglas de juego (¿cómo podemos defender esto cuando la construcción de una nueva hegemonía social exige abandonar toda posición de “partir de cero”?; luego, desde esta ficción, se denuncia la presunta posición moralizadora del otro para disimular la moralina propia. Pues, ¿no es justo el moralista quien busca antes denunciar el presunto “mal” que comprenderlo?
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Desde este grotesco retrato no sé qué causa más sonrojo: si la acusación de que somos unos acomodados “foucaultianos peronistas”, “comunistas” disfrazados o directamente “comunistas universitarios” (esa figura del “enfant terrible” irresponsable que transgrede las reglas de juego de la ciudad/Estado y que ya dice más de las obsesiones biográficas de Pardo que del objeto que analiza); si la descripción burda del proyecto como “un gran No” que busca obsesivamente ser “lo otro” –una caricatura maniquea que busca trazar de antemano la línea roja respecto a un imaginario socialdemócrata en el que ni el propio Pardo parece creer ya o que hipostasia como gran fetiche sin ningún matiz; si su lectura ramplona y naturalizada del 15M de “los indignados”, más propia de un espectador gruñón de Intereconomia o de un lector del suplemento dominical de El País que de un atento lector de la filosofía contemporánea (en las plazas, según Pardo, se escuchó “con respeto, admiración y aplauso a García Calvo, Hessel, Sampedro o Antonio Gala” y se denostó la Constitución del 78); o si su insistente mantra de que abogamos por recuperar un “pueblo mitico” (sic), nuestro “mito fundacional” (sic, sic). 
Ni siquiera hay voluntad de comprender, solo proyección y refrito de sus propias categorías y de una biografía académica que pasó de buscar su público en los ochenta y noventa con autores como Debord o Deleuze a autocriticarse maduramente con la apuesta ciudadanista-socrática de Fernando Savater/UPyD. Para entender lo que está pasando en España y con Podemos no basta con recorrer ese viaje que va del descubrimiento de la multitud empoderada de Negri -la gran bestia negra de Pardo, que la ve por doquier por lo visto- a apostar por un Estado de Derecho à la Rosa Díez, pero parece que Pardo entiende que todo se entiende desde ese recorrido formativo. Pues vale. Por todo ello se observa además mala fe a la hora de entender Podemos como un moralismo reactivo y resentido cuando el texto rezuma la peor moralina posible, la del hombre de orden presuntamente amenazado por un fantasma: esa nueva turba revanchista y posmoderna que encontraría expresión en la “antipolítica” de Podemos y que solo está en su imaginario. 
¿Dónde vive esta gente, desde qué búnker piensa para construir esos espantajos, esa “ilusión óptica” de amenaza respecto al orden constituido? Posiblemente de una reflexión cuya única dieta es la información de Prisa, la amargura y la desubicación por el signo ambivalente de los tiempos. Desde luego, no nos librarán de los nuevos fascismos ni de los reflujos democráticos los intelectuales del “¡No es esto!, ¡No es esto!” como José Luis Pardo. Si quieren ver toda la colección de tópicos posibles sobre Podemos, gástense los nueve euracos de la revista, pero no vale la pena observar a un académico que, por no matizar o cuestionar sus presupuestos iniciales, prefiere hacer desaparecer el suelo desde el que se puede aún pensar.
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