“Cómo Podemos disputar la cultura”.

[Primer Documento de trabajo para el grupo de “Hegemonía Cultural” de Podemos Cultura]val-omar1
1. Tanto antes como después de la muerte del dictador, parece claro que el ámbito de la cultura desempeñó una función muy relevante, dentro y fuera de las instituciones, en las innegables cuotas de democracia y libertades sociales y políticas que fueron arrancadas al régimen franquista. Sin embargo, algunas de esas conquistas mostraron muy pronto importantes limitaciones: con el Régimen del 78 llegó una movilización cultural que desacreditó los antagonismos, la crítica y el disenso, y que legitimó, en cierta medida, la fatalidad intrínseca de una realidad marcada por un sentido cerrado de la historia de España. Esta relativa ambivalencia (liberación pero desmovilización, apertura pero hedonismo, modernización pero individualista y desmemoriada) tuvo efectos buenos y consecuencias muy negativas, entre las cuales no es la menor la transformación de la liberación de las costumbres en un enorme proceso de desactivación política. La “modernización” de España tuvo lugar en el marco de una fuerte ofensiva neoliberal que, gestionada por las elites políticas y económicas del Estado español, se articuló bajo un proyecto luminoso y cosmético de hegemonía cultural cuyas inercias aún perduran.
El Régimen del 78 fue, y sigue siendo, una gigantesca apuesta cultural que buscó, apoyado en grandes medios de comunicación, conquistar y dar forma al sentir de la gente definiendo la gramática de su sentido común. Frente a este antiguo modelo hoy en crisis, no parece exagerado coincidir en que el 15-M abrió el proceso movilizador más rico en consecuencias de la historia reciente española, al desnudar el falso “consenso” político realizado por las élites políticas y económicas de la Transición, así como sus discursos culturales legitimadores.

articulos_fotoprincipal_39682. Sin embargo, ni las tendencias tradicionalmente más marginales ni la lógica de los Partidos tradicionales de la “Izquierda” o “Derecha” parecen haber extraído lecciones culturales fructíferas de este movimiento tectónico del sentido común. Antes que abrirse a lo nuevo y heterogéneo que estaba acaeciendo y entrar en la disputa por su significado, muchas de estas organizaciones siguieron creyendo rígidamente que con este nuevo ciclo mayoritario de movilizaciones el tiempo histórico les estaba dando la razón respecto a sus viejos diagnósticos.
Podemos, un movimiento social y ciudadano que no es ni pretende conformarse como un partido al uso, ha tratado de entender qué desplazamiento ha ocurrido ahí, qué ha significado este proceso mayoritario, qué luchas han cristalizado en este nuevo “sentido común” y qué nueva relación con una cultura viva puede entrañar este giro.

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3. Creemos que es el momento de la participación, de recuperar la democracia y devolver la política a la gente, pero también tenemos que ser conscientes de que, para propiciar este cambio, es preciso acompañarlo de una transformación cultural, de una nueva sensibilidad, de nuevas coordenadas estéticas y afectivas. Si algo ha revelado el éxito electoral de Podemos es la necesidad de construir un nuevo sentido común mayoritario desde el que aglutinar, agregar y articular valores con otros sectores, ampliando el marco futuro de un nuevo consentimiento social. Podemos ha llegado, de una nueva manera, a amplios sectores sociales que, hasta hace poco tiempo, no se sentían interpelados por un relato político. Aquí la “cultura” es un espacio decisivo.
4. Es cierto nos encontramos en una situación de “extrema urgencia”. Sin embargo, por ello mismo, no podemos permitirnos el lujo de renunciar a la cultura como un bien intrínseco y dinámico, como promesa utópica de crecimiento y felicidad. En la actual encrucijada, estamos forzados a elegir: o bien elegimos la impotencia del cinismo y la resignación ante “la que está cayendo”, o bien optamos por reconstruir un nuevo tejido cultural hilado desde nuevas bases. La expropiación de los espacios públicos en virtud de prácticas privatizadoras durante las últimas décadas ha conducido a un modelo mercantilista, donde el valor cultura cada vez más se asocia con el negocio de las elites y en donde no pocas veces la foto del “artista” es simplemente instrumentalizada por el partido de turno para conseguir votos o prestigio. Es preciso abandonar la cultura como fetiche u oropel de lujo para entenderla como urgencia popular.

343924_15. Con la entrada política en escena de Podemos ha acontecido algo inesperado: ha saltado por los aires un cerrojo también en el plano cultural. Si ese “algo” ha logrado escribir una nueva página en la historia de la participación popular es porque ha tenido en cuenta la importancia de la “disputa cultural”, una batalla que había sido ganada, al menos en los últimos tiempos, por la degradación del tejido social, el predominio de una lógica híper-individualista y la sustitución de la política por la administración y gestión de cuerpos y bienes en un gigantesco mercado. En este sentido, las políticas culturales desarrolladas en los diversos ámbitos oficiales del estado español comparten una marcada tendencia administrativa de arriba a abajo y una concepción imaginaria de lo popular extremadamente reduccionista.

6. Esta apuesta enemiga de lo público no se sostiene sin un dispositivo cultural que busca, apoyado sobre grandes medios de comunicación y del espectáculo, descomponer el tejido social en individuos aislados en el consumo y erosionar toda gramática del sentido común más igualitaria y heterogénea. Lo que empieza a ofender a las elites es que está comenzando a disputarse, con oportunidades de revertir su tendencia, un espacio cultural que hasta ahora buscaba presentarse como falsamente aséptico, clausurado y consensuado al margen de toda controversia o discusión política.

misiones-pedagogicas-19317. Que la cultura no se meta en política y la política no se meterá en las cosas de la cultura, salvo para premiarla o fotografiarse con ella: este era el pacto tácito hoy quebrado. Por eso creemos que nos encontramos no sólo ante una oportunidad histórica, sino ante un relevo que se percibe como algo más que generacional; se trata de construir una nueva sensibilidad popular que quiere encontrar sus relatos, sus canciones, sus obras de arte, sus expresiones artísticas y sus formas de aprender y transmitir la vida en común. Un relato que no quede otra vez atrapado en la melancolía del pasado que nunca fue o en el presente que no se quiere a sí mismo y desprecia lo inédito que le ocurre. Una narración que se atreva a auscultar las nuevas voces y los nuevos gestos, apropiándose desde ahí de otra memoria, condición necesaria para una nueva política, y una democracia más real y participativa.

1932. Misiones pedagogicas 001
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