El activismo fetichista

tacones-humano-es-enfermo-fetichismo[3]

Es conocida la anécdota. Preguntada Lady Thatcher en 2002 en una recepción informal por su mayor logro político, contestó: “Tony Blair y el Nuevo Laborismo. Hemos obligado a nuestros adversarios a cambiar su mentalidad“.

Como icono replicante de la nueva pospolítica social-liberal, Blair aceptó completamente las reglas y el terreno económico que había sido establecido por Thatcher y no trató en absoluto de transformarlo, de marcar otro tipo de coordenadas hegemónicas.

El problema principal de nuestra Transición no ha sido solo el cerrojazo bipartidista entre PP y PSOE que ha neutralizado todo escenario político más complejo; otro de sus efectos perniciosos es lo que Santiago Alba denominaba felizmente como “bipartidismo de los perdedores”, que ha paralizado toda voluntad de crear una hegemonía política y cultural diferente. Si la pinza del “bipartidismo de los vencedores” ha ahogado hasta hoy toda posición crítica respecto al régimen inaugurado en 1978, la de los perdedores se ha enredado en un juego alternativo con riesgos cada vez más estériles y autocomplacientes. Su impugnación de los vencedores no ha sabido salir de la oscilación entre una política tacticista cortoplacista (IU) y una apología del movimiento por el movimiento que ha cristalizado, en palabras de Alba, en una “Élite al Revés de pureza jeroglífica”.

En el interesante artículo crítico de Hibai Arbide, abogado y activista social, respecto a Podemos, significativamente titulado “Movimiento y fuerzas electorales” parece percibirse un bloqueo parecido. Una de las características del lenguaje de sordos del “bipartidismo de los perdedores” es su diálogo por anticipación. Del mismo modo que, tras la irrupción del 15M, Partidos y organizaciones de la izquierda tradicional interpretaron el acontecimiento en los términos de una realidad social que, según ellos, solo confirmaba sus ilusas expectativas teóricas, muchos militantes del frente alternativo siguen proyectando sus esquemas sobre una fisonomía social que está dejando reconocer matizados rasgos nuevos.

Se suele denominar proyección “fetichista” a esa interpretación de la realidad, genuinamente masculina, por cierto, más preocupada en confirmar las expectativas previas del deseo que en atender a un examen más detallado de las circunstancias. Tomar la parte por el todo, en suma. Así como a un fetichista le “pone” mucho más la media de rejilla o el zapato de aguja de su parternaire antes que su presencia concreta de carne y hueso, el militante fetichista suele excitarse anticipando sus conclusiones e interpretando la dinámica social conforme a sus prejuicios a priori. El “ya te lo dije”, vamos. Hemos visto esta semana reinando el “yatelodijismo” en su máximo esplendor, cuando una simple reunión entre IU y Podemos, no sin torpezas mediáticas e ingenuidades, ha desencadenado de nuevo automáticamente las inercias proyectivas propias del “bipartidismo de los perdedores”. La excitación de ver al Amado Líder Pablo Iglesias en la cama con la cúpula de IU tenía que superar con creces todo análisis sobre los Círculos, los desbordamientos del proyecto y las complejidades del proceso.

El problema del fetichismo militante es su parcial visión de conjunto y su falta de generosidad con lo matizadamente imprevisto, con lo que también a él le puede llegar a desbordar y sorprender respecto a sus posiciones originarias. En este sentido, definir el nuevo marco político inaugurado por Podemos como un escenario “pre-15M” habla más de la incapacidad de advertir los matices novedosos de la situación que de la propia realidad de la coyuntura. Y por mucho que nos guste o no Podemos, esta, ha de reconocerse, es, al menos, diferente, aunque solo sea por el cambio de actores. Solo recortando las ambivalencias y tensiones de esta iniciativa puede definírsela injustamente como una candidatura “que le importa más qué hacer o dejar de hacer con IU frente al PP que cómo conseguir el impago democrático desde los PIGS”.

Desde la lógica fetichista, maximalista y purista del todo o nada, si lo nuevo no es totalmente nuevo, puro y rupturista, es que es demasiado viejo, sucio y conocido. Sin embargo, por su cantinela de denunciar lo viejo que no es totalmente nuevo, puro y rupturista, el bipartidismo de los perdedores ¿no sigue atrapado en la vetusta mansión de la Transición?

Desgraciadamente, cuando la lógica de la realidad se recorta bajo la lógica de la expectativa es muy difícil hacer política. Por ello entre los militantes del “bipartidismo de los perdedores” suele ser frecuente la utilización de la primera persona y, en el peor de los casos –no lo digo por el autor del artículo-, la soberbia, una soberbia tristona que brilla en otros artículos muy críticos con Podemos. Si la realidad, por definición abierta e imprevista, defrauda mis expectativas… peor para la realidad.

Sea como fuere, solo desde el bloqueo del “bipartidismo de los perdedores” se puede defender una oposición frontal entre la pureza del movimiento y la deformación contaminante del proceso electoral. Bajo esta imagen, no caben mediaciones, puentes ni hibridaciones: o se es puro o es sucio; o se es vertical u horizontal; o se aboga por la lógica mediática del líder o la participación democrática; o el grito o la representación: “El problema –escribe Hibai- es que, tanto en Catalunya como en el Estado Estatal, nos encontramos con que las fuerzas electorales plantean escenarios al que los movimientos se deben adaptar. Un escenario menos interesante que cuando gritamos que no nos representan”.

Del mismo modo que el fantasma de Thatcher siguió apareciendo en el Nuevo Laborismo, el fantasma de la Transición sigue apareciendo cuando nos limitamos a contraponer expresivamente nuestro “grito” a las instituciones. Por necesario que este sea también para cambiarlas entre todas.

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One comment

  1. parvulesco

    Hibai no plantea ningún activismo fetichista… Él escribe:

    “El caso es que justo en el momento en el que quienes hemos ­sido críticos desde un inicio nos estamos viendo obligados a replantear nuestras objeciones debido a esas razones, la cúpula de Pode­mos –una dirección de partido que no ha sido elegida ni refrendada en ninguna asamblea– se reúne con Izquierda Unida y decide sin consultar a la militancia “remar” junto a IU. Esta nueva forma forma de hacer política es como la vieja. Es responsabilidad de los círculos decidir si la apuesta por una nueva política es real”

    Precisamente “una dirección de partido que no ha sido elegida ni refrendada en ninguna asamblea” es la forma de hacer política que encumbró la Transición, círculos de políticos co-optados por mecanismos nada democráticos…

    Además, critica el planteamiento a escala nacional de Podemos, cuando se tendría que buscar alianzas con otras izquierdas europeas.

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