No es impaciencia sino realismo (respuesta a algunas críticas a Podemos)

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No somos de IA ni del Partido X, tampoco del Frente Cívico, En Red o la Coordinadora 25-S, pero como a tantas otras personas que participamos de alguna manera en las cosas del 15-M, nos ha interesado mucho el debate sobre Podemos que se ha producido en las últimas horas. Sí, horas, y experimentadas a qué ritmo.

En la prensa tradicional solían concederse cien días de gracia al gobierno de turno. En el caso de Podemos, cien horas de vida han bastado para recoger miles de apoyos y aplausos, pero también incontables críticas, “ya me lo imaginabas” y rechazos. Algunas de las críticas más aceleradas incluso han utilizado como argumento las prisas de sus defensores y de sus caras más conocidas. Madrilonia distingue, por ejemplo, entre la urgencia del momento y la impaciencia organizativa de Podemos, y censura, pensamos que apresuradamente, que algunas personas, interpretando que la coyuntura era propicia, se hayan comprometido con este movimiento.

No deja de ser curioso que esta acusación de impaciencia, y la apuesta de Madrilonia por “tiempos lentos”, coincida en gran en parte con las posiciones y lógicas “orgánicas” de algunos sectores de Izquierda Unida. Creemos, sin embargo, que esta posición no es realista, sino “pasiva”, y que necesita ser desbloqueada por un diagnóstico de la coyuntura actual no, en efecto, voluntarista, sino más amplio. No se trata de buscar atajos, sino de aprovechar la candidatura para intervenir en un espacio social mayoritario, construyendo un “método” de formación política que permita comprender y afrontar la crisis desde gramáticas no neoliberales.

Se acusa a Podemos de abrir el juego con caballo, “saltándose toda la línea de peones”. ¿Piensan de verdad En Red o Madrilonia que el proyecto de una Carta por la Democracia puede despertar en el actual tablero político una ilusión parecida entre gentes no afines o no pertenecientes a movimientos sociales? Nos llamó la atención que en el Encuentro de En Red el pasado 18 de enero una participante del grupo promotor afirmara su convicción “de que vamos ganando”, como si este otro caballo sólo necesitara cabalgar encima del ciclo de movilizaciones, mareas y luchas inaugurado por el 15-M.

Pensamos, en cambio, que el exceso de optimismo es contraproducente: no es suficientemente consciente de los bloqueos de los movimientos sociales a la hora de acceder a la gente común, y tampoco parece preocuparse por los posibles repliegues autoritarios, se manifiesten electoralmente o no, que muchos sectores de las clases medias podrían abrazar en una coyuntura tan erosionada. En este sentido, nos parece crucial enlazar con estos sectores y brindarles un espacio común de mínimos, no elitista, a partir de una propuesta transformadora no reactiva. Asumiendo sus riesgos y peligros, es aquí donde resulta fundamental, en nuestra opinión, la fuerza afectiva de la iniciativa Podemos, que concebimos como perfectamente complementaria con propuestas tan bien trabajadas como En Red.

Volviendo a la cuestión del ritmo, Carlos Taibo habla en otro lugar de otra urgencia, la de salir del capitalismo, y pone en cuestión la vertiente institucional y anquilosada de la propuesta, aunque se presente como iconoclasta y agitadora. En ambas posturas hay aspectos interesantes, pero lo cierto es que cuesta aclararse: ¿quién va más rápido en este proceso? ¿Quien escoge presentarse con cuatro meses de antelación a unas elecciones moribundas hasta hace unos días? ¿Qué significa salir del capitalismo “con urgencia”, más allá de debates teóricos que, por otra parte, nos parecen muy importantes? ¿Van demasiado acelerados los que entienden que es un buen momento y caminan por ello un poco sobreexcitados? ¿O se apresuran más los que necesitan tomar partido inmediatamente, los que necesitan criticar ya la falta de transversalidad, desoyendo el ritmo, bastante lento como sabemos por experiencia, de la participación política horizontal y desde abajo?

Habitando las tensiones de un espacio monstruosamente heterogéneo, Podemos juega con cartas peligrosas (el golpe mediático y la cuestión del liderazgo), pero se trata de estrategias transparentes, y por ese motivo abiertas al debate público.

La cuestión mediática es ambigua, pero también pensamos que el ciclo 15-M ha mostrado que, cautelosamente, se puede trabajar con ella, evitando el conformismo de querer seguir soplando a pleno pulmón, hasta el agotamiento, en nuestras flautas minúsculas.

En cuanto al liderazgo, en los movimientos sociales siempre se han dado casos, muchos y muy sangrantes, de jerarquías invisibles. No queremos justificar una cosa con la otra, pero pensamos que la sobreexposición de Pablo Iglesias se presta más a la cautela, a la desconfianza sana y al autocontrol (por su condición, precisamente, de “figurante”) que otros capitales militantes subterráneos igualmente dominantes. Además, la idea de que Podemos sólo tiene la consistencia que le dan sus líderes nos parece un poco apresurada. Un movimiento de este tipo no tiene los pies de barro por el mero hecho de tener, al menos inicialmente, una cara definida. Lo que tiene, por el momento, son muchos frentes y poco más de cien horas de vida.

Naturalmente, de todas las críticas que ha recibido Podemos es necesario aprender algo. Personalmente, confiamos en que el “liderazgo” de Pablo Iglesias sea, en primer lugar, provisional. Suponemos que a él no le parecería mal, sobre todo porque no será decisión suya, sino de todas las personas que ya estamos participando en el proceso más descentralizado que recordamos desde mayo de 2011 (centenares de grupos de apoyo, presentaciones y debates en pueblos y ciudades, proliferación de páginas y cuentas locales en redes sociales, etc.). Ojalá sea veneno para todos los liderazgos que con razón tememos, y sirva no para personalizar, sino para potenciar todo el trabajo que hay delante y detrás de una cara. En resumen, que ayude a enganchar y a canalizar energías, no a concentrarlas en torno a unas pocas personas.

La experiencia de estos días muestra, en nuestra opinión, que Podemos se ha desbordado a sí mismo, al mismo tiempo que desbordaba las expectativas y previsiones de muchas personas afines. Ningún liderazgo o estructura partidista (ni de IA ni de nadie, por citar una información malintencionada de eldiario.es) está en condiciones de controlar este proceso. Si alguien esperaba hacerlo, de verdad se equivocaba. Ya tenemos otro motivo para alegrarnos.

 

Eduardo Maura y Germán Cano

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4 comments

  1. Vicent

    Puede que haya gente que se sienta molesta por no estar entre los que han llevado en un primer momento la iniciativa de Podemos. A pesar de que Podemos hace un llamamiento desgarrado a la unión de la izquierda, proponiendo incluso unas primarias y un candidato, parece que se hace necesario incidir una y otra vez en que es un proceso electoralista, en la mucha prisa, en que si no están todos… etc. Sin embargo, algunos de estos factores son favorables para el aglutinamiento de fuerzas de la izquierda. Y vaya, si no están todos es porque no quieren o posiblemente porque no quieren “medirse” con Pablo. El debate de unas primarias ayudaría a clarificar las ideas, a todos, y a elegir al candidato con mayores posibilidades. Claro que somos asamblearios como ya se está sobradamente demostrando, que no nos gustan los liderazgos y personalismos, pero a las dichosas elecciones europeas hay que presentar al menos un candidato, no una asamblea, y lo coges o lo dejas. Para mi estas elecciones tienen muy poco valor por si mismas si no es para adelantar el trabajo de base que necesitamos para organizarnos de cara a unas generales o municipales y hacernos con el poder político en un primer paso.

    Podemos no es el no va más de las propuestas para unir a la izquierda, Podemos es la única propuesta con alguna esperanza de triunfar para unir a la izquierda, aprovechando el factor de aglutinamiento que proporcionan unas primarias, unas elecciones europeas, el cruel momento socio-económico que vivimos y no nos olvidemos, unas reivindicaciones prácticamente idénticas por parte de todos los grupos salvo en lo que se refiere a ideologías, factor este último que no debería primar en este momento. Si que Podemos, falta querer y demostrar que cada cual puede aportar las mejores ideas. Que decida la gente sobre programas y candidatos y no nos limitemos a ninguna militancia ni, mucho peor, a un grupito de personas que decidan por nosotros.

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